Según la Organización Mundial de la Salud, en el primer año de la pandemia por COVID-19, la prevalencia mundial de la ansiedad y la depresión aumentó un 25% y es por eso que Pablo Pillet destaca que : «Es un tema en el cual mucha gente quedó en un lugar incómodo tras la pandemia y hay que reflexionar acerca de la distracción que generamos para no pensar en nuestros problemas».
La persona que tiene ansiedad siente que hay algo que amenaza su seguridad, supervivencia y tranquilidad.
Otro de los factores que se ha incrementado fue la utilización y cantidad de tiempo de visualización del celular: «A través del teléfono se hacen muchas cosas, como trabajar, pero otra cosa es la necesidad de estar chequeando el teléfono todo el tiempo; La adicción al teléfono trae amenaza, irritabilidad, falta de atención, entre otros», en promedio para los adultos se incrementó de 4 horas y media a 7, mientras que en adolescentes pasó a 12 horas promedio de uso y visualización del dispositivo electrónico.
«La necesidad de chequear todo el tiempo el celular, produce la repetición de un acto que se traslada a la vida personal y necesitas todo el tiempo información nueva; amenaza, sensación de irritación, siempre preocupado, pánico a enfermarse, fobias estos son algunos de los sentimiento más comunes en personas con ansiedad», destacó Pillet.





