Una vez más, como en tantos procesos de nuestra historia, en esta etapa de crisis sanitaria, que se hace eco en lo social, nos encontramos a las mujeres como protagonistas, especialmente puertas adentro.
Un enemigo invisible nos acecha desde afuera, y lamentablemente, para otras tantas también, desde adentro. Los lugares “seguros” para algunas no existen, no hay paz, no hay descanso, el temor es permanente.
Contamos los afectados por la pandemia, y no paramos de contar los femicidios. Para el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el registro era de una mujer asesinada por violencia de género cada 35 horas, concentrándose en un femicidio cada 12 horas, en los primeros días del mes. El 70% fue perpetrado por sus parejas o ex parejas. A principios de Abril, llevando 14 días de cuarentena, se relevaron 13. Y aún seguimos buscando a otras mujeres desaparecidas.
Varias iniciativas, pocos resultados concretos
Desde distintos ámbitos del Estado se han generado propuestas como la habilitación de números para comunicarse por mensajes de Whatsapp, la campaña del “barbijo rojo” a fin de llevar la señal de alarma en farmacias, la extensión automática de las medidas de restricción, entre otras. Sin embargo, los esfuerzos, aún siguen sin poder mostrar resultados contundentes.
Los vulnerables y las minorías, son aún más vulnerables en estos tiempos. El colectivo LGBTQ, los niños, las niñas y las mujeres se ven perjudicados/as especialmente por el aislamiento en contextos de violencia intrafamiliar. Las voces se acallan, los recursos para pedir auxilio se restringen, las salidas se encuentran alejadas.
Hoy, hemos generado un pleno consenso social, en el que acordamos que lo más importante es cuidar la vida, la de todos y todas, la de cada uno y de cada una. Concientizar, informar y disponer de medios concretos para encontrar soluciones colectivas a situaciones críticas. Hoy, tal vez, sea momento de visibilizar el poder que tenemos para proponernos objetivos comunes en pos de proteger la integridad de la población, en general, pero especialmente de nuestros adultos mayores, que son quienes corren mayores riesgos por el Covid-19. Hoy, seguramente sea tiempo, de seguir poniendo en agenda el tema de la violencia familiar y de género. Poniendo de relieve, que, así como juntos estamos cuidándonos, también debemos asumir que hay otros flagelos a los que algunos grupos están expuestos y que también matan.
Por una sociedad sin violencia
Así como estamos viendo que los esfuerzos, en comunidad aminoran el impacto letal, es tiempo de aunarlos con objetivos que tiendan a paliar las conductas violentas que derivan en asesinatos por odio, por una condición o por extremo sometimiento.
Aún nos queda un tramo por recorrer, con distintas etapas a planificar. La realidad nos ha interpelado. Tenemos la posibilidad, en esta instancia, de pensarnos de otra manera, de volver a observar lo que nos duele, las pérdidas que podemos evitar. Se trata de un desafío y una oportunidad a la que todos y todas estamos convocados.





