Hechos de violencia e inseguridad parecen una contradicción dentro de barrios privados o countries, pero los antecedentes periodísticos policiales revelan lo contrario.

Un adulto de 49 años mantiene en vilo a una familia del Country Mapuche Club ubicado en La Lonja Pilar.
Los hechos de agresión se iniciaron el lunes feriado a las 6 de la mañana cuando Alejandra Barrancos comienza a escuchar ruidos muy fuertes. “No nos preocupamos demasiado porque estamos cerca de la ruta 8 y siempre escuchamos ruidos, lo que menos imaginamos es que estaba sucediendo dentro de nuestra casa en un barrio cerrado y con vigilancia. Seguimos durmiendo y media hora más tarde nos llaman desde la guardia al teléfono de línea y me dicen que uno de mis autos había sido destruido”, Alejandra de 49 años, le comenta la situación a su marido Marcelo Barrancos de 53 años, en ese transcurso vuelve el agresor a la propiedad de la familia. Al ser visto por la propietaria de los vehículos esta le grita por qué estaba clavando las cubiertas de su camioneta Amarok con una cuchilla, a lo que le responde insulto de por medio que hacia lo que debía hacer ella y su marido hace tiempo, sumando la amenaza de muerte para ambos. “Que salga tu marido que también lo voy a matar”. En ese momento llama al 911 mientras que su esposo sale a increpar al autor del hecho que se da a la fuga queriendo llegar a ruta 8. Ya con los móviles de la policía en el lugar agrede a un efectivo resistiéndose a la detención.

La denuncia fue realizada en el destacamento policial de La Lonja tras 5 horas de declaración.
La UFI número 1 de Pilar a cargo del DR. Otero es la que lleva la causa caratulada como amenaza de muerte, daño, violación de domicilio, atentado y resistencia a la autoridad.

“Le pedimos una perimetral al Dr. Otero para este sujeto ya que tenemos una nena de 10 años y no estamos seguros con él caminando por el barrio. Por otro lado empezamos a atar cabos, en el verano cuando volvimos de las vacaciones encontramos una carta en el buzón de mi casa escrita con excremento que decía hocete cargo hijo de puta. También aparecían colillas de cigarrillos en nuestro jardín interno cuando nadie fuma y nos daban vuelta los faroles de la galería todos los días”, le comentaba a El Termómetro la víctima.
El pedido que hace la familia al country es la exclusión como socio del lugar de esta persona pero la negativa del club de campo se respalda en el derecho a propiedad del sujeto.
La familia del agresor en el momento de los incidentes permanecía en otra vivienda dentro del mismo club de campo en una fiesta sin hacerse cargo de su familiar. En charlas informales pretenden trasladarlo a un psiquiátrico por el riesgo que produce a la sociedad y por su adicción a estupefacientes.





