“Ahora voy a decir la verdad, porque antes no lo había hecho por miedo”, comenzó Paniagua ante los jueces, quebrada en llanto. Según su relato, la discusión se desató cuando Wolfenson la descubrió robando un celular y le advirtió: “Te voy a denunciar”.
En ese momento, la mujer contó que lo golpeó con un cabezazo, lo derribó con una patada en el pecho y luego lo ahorcó con un colgante. Tras el ataque, se fugó de la vivienda con el teléfono en su poder.
ADN y pruebas que la incriminan
La confesión de Paniagua fue respaldada por evidencias forenses. La autopsia del ingeniero reveló marcas de estrangulamiento y rastros de ADN de la acusada bajo las uñas de la víctima, lo que confirmó una lucha cuerpo a cuerpo antes de la muerte.
Los fiscales la acusan de “robo calificado por el uso de arma impropia en concurso real con homicidio criminis causa”, un delito que contempla prisión perpetua.
“No quise matarlo”
Durante su declaración, la mujer aseguró no haber tenido intención de matar:
“No me di cuenta, no planeé nada. Si tengo que pagar, voy a tener que pagar porque se trata de una vida.”
Entre lágrimas, pidió perdón a los hijos de la víctima y reconoció su responsabilidad:
“Sí, tengo la culpa, porque aunque no fue mi intención matarlo, se trata de una vida. Y por un simple celular perdí todo.”
El crimen que conmocionó a Pilar
El cuerpo de Roberto Wolfenson Band, ingeniero y músico aficionado, fue hallado por su profesor de piano en uno de los dormitorios del country La Delfina. La brutalidad del hecho y la confesión de su empleada doméstica conmovieron a los vecinos y a todo el país.





