La muerte de Carlos Moreno generó una profunda conmoción en la comunidad pilarense, donde era ampliamente querido y respetado. No fue solo un comerciante: fue un referente del rubro heladero, un vecino cercano y una figura inseparable de la historia reciente de Pilar. Durante décadas, su nombre estuvo ligado a momentos familiares, encuentros de amigos y recuerdos compartidos alrededor de un helado.
“Puedo decir que nací en un balde de helados”, solía bromear con su característico buen humor, una frase que sintetizaba su vida y su identidad. Carlos dedicó prácticamente toda su existencia a Bom Que Bom, la heladería fundada por sus padres, Carlos Moreno y Elsa Díaz, en los años ’50, en un pequeño local de la esquina de Bolívar y Rivadavia.
Con el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad, el comercio fue mudándose y consolidándose como parte del paisaje urbano de Pilar. Pasó por locales frente a la Plaza 12 de Octubre, sobre la calle San Martín, y por esquinas emblemáticas como Rivadavia y Lorenzo López, el Paseo Bianea, Del Viso, hasta llegar a su actual ubicación en Tomás Márquez y Camilo Costa, en una histórica casa de 1927 cuya fachada fue preservada como patrimonio.
Moreno se incorporó formalmente al negocio siendo apenas un adolescente y nunca se alejó del mostrador. Vivió la evolución del rubro, desde las épocas en las que las heladerías abrían solo en temporada y se complementaban con la venta de facturas y café, una tradición que Bom Que Bom aún conserva.
Visionario e innovador, fue uno de los impulsores de la expansión y modernización de la heladería. Apostó a nuevos sabores que se volvieron clásicos entre los clientes, como el recordado Chocobom, y otras creaciones originales como manzana a la canela, secreto de Sócrates, limón profundo, sambayón al café y cookies. Aun así, solía destacar que los pilarenses seguían eligiendo los sabores de siempre: dulce de leche granizado, chocolate, frutilla, americana y limón.
Bajo su conducción, Bom Que Bom se consolidó como una marca referente en Pilar y la región, con una identidad basada en la elaboración artesanal y la calidad de las materias primas. Carlos asumió ese rol con compromiso, participando activamente en la Asociación de Fabricantes de Helados Artesanales y Afines y promoviendo la capacitación permanente.
En los últimos años, su esposa Patricia Franco tuvo un rol central en la administración del negocio, acompañándolo en un proyecto que siempre definió como un legado familiar. “Bom Que Bom es un verdadero orgullo familiar que llevamos en cada helado que se sirve en nuestros mostradores”, afirmaba.
Fuente: Diario Resumen





