El aumento estuvo explicado casi en su totalidad por los créditos al consumo, que funcionan como un termómetro directo del estrés sobre los ingresos familiares. En apenas un año, la irregularidad financiera de los hogares más que se triplicó: pasó del 2,6% en noviembre de 2024 a los niveles actuales, una velocidad de deterioro que preocupa a analistas y autoridades.
La comparación con el sector empresario refuerza el diagnóstico. Si bien la mora de las empresas también mostró un incremento, en noviembre se ubicó en 2,3%, muy por debajo del nivel registrado en las familias. La brecha evidencia que el ajuste económico y la inflación impactan con mayor intensidad sobre los ingresos personales que sobre las finanzas corporativas.
Provincia de Buenos Aires: doce meses consecutivos de suba
En la provincia de Buenos Aires, el fenómeno adquiere una dimensión particular. De acuerdo con el último informe de Provincia Microcréditos, del Banco Provincia, los hogares bonaerenses acumulan doce meses consecutivos de aumento de la morosidad, con una dinámica que sólo encuentra antecedente en el período más crítico de la pandemia.
El dato más alarmante surge fuera del sistema bancario tradicional. Mientras la mora de las familias con bancos ronda el 7,8%, en el universo fintech y de billeteras virtuales trepa al 18%. Se trata de créditos de acceso rápido y escasos requisitos, pero con costos financieros hasta cinco veces superiores a los del sistema regulado.
Este tipo de endeudamiento creció con fuerza en el conurbano bonaerense y en los sectores de ingresos medios y bajos, donde el crédito se utiliza para sostener el consumo básico. Sin embargo, el aumento del incumplimiento deja en evidencia que la deuda crece más rápido que la capacidad de pago.
Más restricciones y menor acceso al crédito
El Banco Central reconoce este escenario y señala que, frente al aumento del riesgo crediticio, las entidades endurecieron los estándares de otorgamiento de préstamos, especialmente para familias y pymes. Esta respuesta prudencial del sistema financiero restringe el acceso al crédito justo cuando la demanda de financiamiento es mayor.
Pese al deterioro en la calidad de la cartera, el crédito al sector privado continuó expandiéndose en términos reales, impulsado principalmente por el financiamiento comercial. En contraste, los préstamos al consumo y con garantía real mostraron una evolución mucho más moderada.
El panorama se completa con una desaceleración de los créditos hipotecarios y un crecimiento del fondeo bancario, lo que confirma que el problema no radica en la falta de liquidez del sistema, sino en la fragilidad de los ingresos de los hogares.





