Agustín Fantasía, el chico que cumplió su sueño

El reconocido periodista deportivo repasa toda su trayectoria. De controlar fotomultas a entrevistar a Lionel Messi en el último mundial, Rusia 2018. Un laburante full time.

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El Termómetro- ¿En qué momento te empezó a llamar la atención el periodismo?

Agustín Fantasía- Desde chico me gustaba todo lo vinculado a los medios de comunicación. A los 7 años me levantaba a leer el diario, arrancando de atrás hacia adelante. Leía la parte deportiva, me gustaban mucho las noticias nacionales e internacionales y miraba noticieros de interés general, pero cuando terminé el colegio no tenía muy en claro qué estudiar. Quería hacer algo vinculado a los medios de comunicación. Estudié 3 años Ciencias de la Comunicación en la UBA; no me gustaba demasiado porque me parecía todo muy teórico y con nada de práctica. Fue entonces cuando un amigo me recomendó DEPORTEA ya que a mí me apasiona el fútbol. No estaba muy convencido de hacer algo vinculado al periodismo deportivo porque siempre creí y sigo pensando que no hay mucha salida laboral; lo hice más que nada como una especie de hobbie.

En TEA encontré la parte práctica que me faltaba en la UBA. Hice un año las dos carreras y después terminé dejando la Universidad de Buenos Aires por una materia que no me reconocían, la cual figuraba como que ni siquiera la había cursado, así que perdí un año y me fui. Le di un poco más de importancia a TEA. Me gustó estar en la calle cerca de la noticia. Hice una pasantía en el diario deportivo Olé. Desde el primer día juntaron a todos los pasantes y nos dijeron que no nos hiciéramos muchas ilusiones porque nadie quedaría… y así muchas ganas no te dan para seguir. Al mismo tiempo trabajaba para el Gobierno de la Ciudad revisando fotomultas.

A mis 22 años estaba todo el día afuera. Desde temprano yendo a TEA, cubriendo entrenamientos para Olé, después tenía que ir a trabajar al Gobierno de la Ciudad y al diario a la noche. Eran días muy largos con poco rédito económico. Terminó la pasantía en Olé y cumplieron con sus palabras: no quedó nadie. Yo seguía con las fotomultas pero ya me había gustado mucho el periodismo deportivo.

Me puse en la cabeza que si no conseguía trabajo, me iba a buscar suerte al exterior. Tenía experiencia de trabaja en bares y hoteles de Centro América como mozo. También me salió una chance de jugar al fútbol allí; me ofrecían 300 dólares, casa y comida. Era un montón de plata.

Se me dio la chance de entrar a la productora de Milagros Lay González, que tenía dos programas para TyC Sport: Hockey sintético y Polideportivo. Nada que ver con el fútbol pero era una manera de seguir estando cerca de los medios. Milagros se porto mil puntos conmigo, me dio la chance de experimentar todos los roles en una productora chica. Era productor, cronista y de todo. Me pasaba horas trabajando y me gustaba, iba mucho al canal, que para mí era un sueño. Primero haber estado en Olé, lo que siempre había soñado; y como era fanático del deporte, estar en TyC era otro sueño.

Un día vino el entonces jefe de noticias del canal a preguntarme si me animaba a hacer un casting, a lo que le respondí: “Animar me ánimo, pero nunca hice uno en mi vida”. De hecho había faltado a las clases de televisión en TEA porque en Olé me decían que no servía de nada, entonces a las clases de televisión nunca había ido. Lo mío siempre fue la gráfica. Me imaginé desarrollándome en esa rama del periodismo. Con mi voz nunca pensé que iba a poder trabajar en un medio tan groso como TyC.

Muchos de los pibes que estaban en el casting venían de trabajar en medios y con años de experiencia. La mía, en cambio, solo era la del paso por Olé, que ni te la cuentan. Frente a cámara tenías que decir tu currículum hablado y yo no me había parado nunca frente a una. Me daban un script que es el resumen de cuando vos hacés un noticiero. El conductor dice al aire las jugadas mientras pasan las imágenes. Me fui de ahí creyendo que mi rendimiento había sido pésimo, cero confianza.
Esa misma tarde me llamó el jefe de noticias: “Agus, estamos con unas fichas acá para llenar con todos los que vinieron al casting. ¿Te hago una consulta: sabés de fútbol o solamente tenés conocimiento de atletismo y hockey?”. A lo que yo le contesté que, siendo sincero, de polideportivo lo único que sé es que Vilas fue el mejor tenista argentino y que soy un enfermo del fútbol… Me la jugué; le dije algo que está mal. Cuenta él que después fue mi jefe el que en ese momento le dijo al que tomaba la decisión: “Ya está, lo tenemos. Es este pibe”. A los días estaba firmando contrato en el canal, fue todo un sueño.

Es muy difícil vivir de esto. En mi casa me aconsejaban que estudiase una carrera de la cual pudiera vivir. Entrar en canal me otorgó esta posibilidad impensada para mí. A partir del 2007 arranqué en TyC Sports, justo en el momento en que pensaba dejar el país por no tener la posibilidad de hacer periodismo.

Hoy sin contacto es muy difícil entrar a cualquier trabajo, se la jugaron por mí, me dieron la chance y yo lo valoro un montón.

Tuve mucha suerte, pero hice todo para acompañarla. También es fundamental tener gente que te ayude. Muchos compañeros de facultad que eran unos fenómenos hoy no están trabajando. Por otro lado veo un montón de gente que está en los medios y no aprovecha la oportunidad. Para mí eso es imperdonable porque hay pibes que se mueren por tener la chance.
Hay que dejar todo por lo que uno quiere, que es el trabajo. A mí me encanta trabajar de esto. ¿Hay cosas más importantes que el trabajo? Sí obvio, pero para mí tener la posibilidad de trabajar de lo que amo es valiosísimo.

T- ¿Quién fue la persona que te guió?

F- En el canal fue Martín Vara, jefe de noticias de TyC, quien me transmitió esa enfermedad por la noticia, por el laburo, por darte cuenta de que te podés divertir y que el clima de trabajo es bárbaro. Siempre pensé que la competencia era atroz en los medios, y la realidad es que tengo amigos en el canal. Él me enseñó que soy el encargado de mi trabajo, que soy mi jefe, que decido lo que va y lo que no va, pero no se me puede escapar nada. Me decía: “Agus, andate a la hora que quieras, pero si a las cinco pasa algo y nosotros no nos enteramos, vos sos el responsable”. Con él entendí cómo se trata a las personas que uno pueda llegar a tener a cargo el día de mañana. Si vos tratás bien a tu gente, ellos van a dejar todo por vos. Mi novia, con la que estoy hace siete años, me enseñó a preocuparme por el futuro de mi carrera. Al principio pensaba: “Ya estoy en TyC Sports. No necesito más nada. Estoy contento, llego sin problemas a fin de mes…”. Pero hay que darse cuenta de que uno puede hacer más, que no hay que conformarse y eso fue un clic muy importante para mí.

T-¿Tuviste momentos críticos en el canal?

F-En el 2014, llevaba tres años cubriendo a Independiente. Ingresé en 2007, ya tenía siete años en el canal y estaba seguro de ir al mundial de Brasil. Al momento de la designación, no estaba mi nombre… Para mí eso fue la muerte. Hablé con Martín Vara y le comenté que sentía no tener oportunidad de crecimiento y por ello analizaba irme del canal; estaba muy decepcionado. A lo que me contestó que no me apresurara ya que había cosas a futuro pensadas para mí.
En noviembre de 2014 me dan la chance de hacer una prueba para conducir el noticiero y también tuve la suerte de gustarles. Al año siguiente hice el noticiero, dejé Independiente y en el mismo año me dieron la posibilidad de cubrir a la selección Argentina. Yo no creo que fuera porque me quejé, sino que todo ya estaba programado.

Cubrir a la selección estuvo buenísimo. Ver todos los partidos de Argentina con Messi en diferentes partes del mundo, inclusive el mundial de Rusia. Fui a la Copa América de Chile, luego a la de Estados Unidos viajando de costa a costa. Conocí a Lio con la posibilidad de entrevistarlo. También fui a las olimpíadas de Río Brasil. Fueron situaciones que, si no fuera por el canal, me hubiese sido imposible vivirlas.

T-¿Cómo llegás a la conducción de un programa de humor en la medianoche de TyC Sports?

F-Después de hacer el noticiero dos años, salió la chance de conducir un programa mucho más descontracturado. En un principio se apuntaba a hacer algo parecido a Arroban, que era un formato pensado para internet. El canal le había puesto los ojos a ese programa y lo quería traer entero. En un principio lo conducía Diego Ripoll y después Juan Marconi. Como no se dio la posibilidad de traer el producto completo, buscaron a los chicos que hacían el programa. Así es que vinieron tres de los cuatro y me pusieron en la conducción.
Al principio el programa constaba de entrevistas informales y actualidad futbolera mezclada con humor; para mí un estilo novedoso, que no existía. Al siguiente año nos pasaron a la noche solo con la parte humorística. Las críticas fueron feroces.
El primer año fue muy bravo: de diez mensajes, nueve eran insultos. Luego del mundial cambió la aceptación y el público. Se empezó a generar una fiebre del programa.
Para mí es un cambio atroz. Pasar de un noticiero formal a hacer un programa de estas características me generó ciertas dudas, tuve que estudiar mucho sobre el humor y sus límites.

La cantidad de mensajes que me llegan es impresionante, nunca me había pasado en estos 10 años trabajando en TyC Sports. Hay mucho agradecimiento sobre todo por el difícil momento que atraviesa el país o malos momentos personales de cada televidente. Nos llegan mensajes de personas que están en un hospital comentándonos que nuestro programa es el único momento de alegría que tienen en el día y eso es muy fuerte.
Todavía no entiendo el alcance de los medios de comunicación y el valor que tiene lo que uno hace para otros.
El programa surgió para captar un público entre 16 y 20 años, pero nos miran de los 14 a los 80. En una fiesta de 15 se me acercó una pareja de abuelos, me pidieron una foto y me dijeron: “Gracias por hacernos reír, no nos vamos a dormir sin antes verte”.
El espacio en los medios está ganado por la mala noticia, por la grieta, la desinformación, la polémica, por hablar mal de la gente. Cuando nosotros lo hacemos, lo generamos desde el absurdo. No es serio lo que hacemos, es con el mero fin de pasarla bien. Nos reímos de nosotros mismos.

T-¿Cómo analizás al periodismo local?

F- Se podría laburar mucho más y profesionalizar todo lo vinculado con él. Entiendo que se les hace muy difícil a los periodistas independientes poder llevar adelante la tarea. Con las nuevas tecnologías hemos ganado medios y hemos perdido calidad. Muchos medios se autosustentan, los periodistas tienen que salir a vender la publicidad, y esa publicidad viene de gente interesada en que salgan sus noticias rompiendo con el eje periodístico. Si se mantuvieran las bases, la gente lo consume. Es mentira que no interesa, nos quieren hacer creer que porque se venden menos diarios, el periodismo murió, y no es así; las webs más visitadas son las de periodismo. En Pilar no está ese desarrollo, sobre todo porque también es mentira que al pilarense no le interesan las noticias de Pilar. Si tuviéramos un medio con profesionales, que sientan el periodismo y cuenten las cosas como son, andaría bárbaro. Pero se hace muy difícil en Argentina, por el momento que estamos pasando, tener la posibilidad de que los periodistas vivan de la profesión.

T-¿Cuáles son tus referentes en periodismo?

F- Cuando fui creciendo perdí referentes, nunca tuve ídolos. Sí tuve gente a la que admiro, pero reconociendo sus falencias.
Desde muy chico me gustaba Macaya. Lo miraba en Fútbol de primera y para mí era una eminencia. Tener la posibilidad de trabajar con él fue algo alucinante y siempre se lo dije. Es un tipo bárbaro que hoy en día sigue con ganas de laburar. A mí eso es lo que me enloquece de los periodistas: el amor que tienen por lo que hacen.
La cantidad de viajes que hizo Horacio Pagani y el tipo sigue trabajando como nadie. A la mañana radio, al mediodía y a la noche tele. Les gusta lo que hacen y no pueden vivir de otra forma.
De chico, Víctor Hugo Morales me parecía el relator número uno del país. Mariano Closs es uno de los periodistas más completos, como relator es el mejor y como periodista me parece muy bueno. Niembro fue alguien que marco mucho a los de mi generación.
Si estos tipos tienen ganas, ¿cómo nosotros que venimos de abajo y soñamos con sentarnos al lado de ellos, no vamos a tenerlas? El gran legado que nos dejan estos grosos es el del trabajo, el de no aflojar y meterle a fondo todo el tiempo.

T- ¿Cómo te imaginás en 5 años?

F- Me gustaría hacer algo afuera. Tener la chance de trabajar en un medio internacional. Todavía no tengo hijos y siento que es el momento ideal.
Quiero seguir creciendo en la conducción de programas de entretenimientos, cosa que 4 años atrás no imaginaba.
Aprendí que te puede llegar la oportunidad, pero es mucho más segura la chance si vos lo vas a buscar. Hay que estar atento. Messi hay uno solo, el resto tenemos que pelear. No es solo talento, hay que acompañarlo de ganas, de esfuerzo, de sacrificio.
La vida está para hacer lo que a uno lo llene de felicidad.